jueves, 19 de enero de 2012

INFILTRADO EN EL SÁHARA OCCIDENTAL

Desde hace más de un mes he dejado de ser periodista "pagado en nómina" sin embargo pese a todo, sigo siéndolo. No me queda remedio, creo que es lo único que sé hacer.

Hoy desde la serenidad y la calma, empiezo con este post, mi relato de lo que fue mi última y pequeña aventura como reportero televisivo en tierras marroquíes. Aunque quizás debería decir "saharauis".
En noviembre de 2010, el ejército de Marruecos desmanteló a la fuerza el campamento de la dignidad. Pese a que lo negaron, la evidencia fue más que clara. Para que nada se supiera sobre los asesinatos que cometieron los soldados, el gobierno alauita se dedicó a expulsar a todos los periodistas que se encontraban en el Sáhara Occidental. Especialmente en su capital Aaiún. Durante 4 días pude informar a duras penas de lo que allí sucedía. Escondido y haciéndome pasar por turista junto a otros tres compañeros.

 Esperando que pueda interesarle a alguien, este es mi pequeño relato de esos días.

EL "PLAN B"

DESTINO DAJLA, OBJETIVO EL AAIÚN


Los estudiantes de la Facultad de Educación de la Universidad de La Laguna gritaban por sus derechos. Las calles centrales de la ciudad universitaria retumbaban al son de sus vítores contra el rectorado. Los curiosos, sobre las aceras, fijaban sus miradas al paso de los cerca de 500 alumnos que armados solo con sus pancartas y sus reivindicaciones, exigían mejoras para un centro facultativo que se caía a trozos. Los balcones de los edificios de la zona estudiantil empezaban a desperezarse. Las diez y media de la mañana se nos había echado encima y muchos estudiantes despertaban aún con el pijama marcado por las sábanas. Desde la alta tribuna que les proporcionaban las terrazas de sus edificios de habitaciones compartidas y terrazas de salvación para exámenes de grado, observaban como sus colegas, abajo, paralizaban las calles con sentadas a la espera de una respuesta, en su purgatorio personal. Nada nos hacía presagiar al Operador de Cámara Ángel Hernández y a mí, que cubriamos la manifestación para el informativo regional de Canarias, la decisión en frío que tendríamos que tomar segundos después.

Tras entrevistar a varios representantes de los alumnos vibró el móvil en mi bolsillo del pantalón. Era nuestro realizador. Fue directo, claro y conciso con la pregunta ¿Iván: se van para El Aaiún? Entre el alboroto de gritos y pancartas de los estudiantes y sin tiempo para pensarlo, lo consulté con Ángel. La respuesta de ambos fue igual de clara, inconsciente, inmediata y precisa: Sí.

Chocamos nuestras manos en señal de complicidad ante lo que acababamos de aceptar y nos dispusimos a regresar a la delegación para preparar la aventura que nos esperaba. En ese momento ignorábamos cuánto duraría, visto el ferreo control de entrada impuesto por Marruecos en el Sáhara Occidental.

"EL PLAN"

Como si de una estrategia militar se tratase, el plan consistía en una "ataque" frontal con un equipo y otro por retaguardia a la ciudad de Aaiún, sitiada por la policia y el ejército marroquí que gracias a su cerrojo informativo, había expulsado ya a muchos compañeros periodistas españoles y extranjeros que habían intentado informar desde allí con más o menos fortuna.

El gobierno del reino Alauita negaba la entrada a cualquier "testigo incómodo" que llegara dispuesto a contar las atrocidades que se habían cometido en la zona tras el desmantelamiento del campamento de Gze Midik y los incidentes violentos que posteriormente se sucedieron y a los que muchos ha denominado ya "La batalla de El Aaiún". Había mucho que ocultar y nosotros viajábamos con el interés de conocer qué ocurría y cuál era la cifra de víctimas en ambos bandos tras los disturbios. Un primer equipo formado por el redactor y editor Luis Socorro y el operador de cámara Luis Pablo Morales saldría del aeropuerto de Gando en Gran Canaria junto a otros 9 compañeros de distintos medios españoles. Su vuelo formaba parte de una línea regular que unía directamente Gran Canaria con el aeropuerto de El Aaiún. Todos sabían que la entrada estaba practicamente descartada, pero pese a ello lo querían intentar. La segunda opción era la nuestra. El operador de cámara Ángel Hernández, la productora de Madrid Nuria Álvarez, el guía Manuel Pío y yo vijaríamos a Dajla, una pequeña ciudad de pescadores situada en una estrecha lengua de tierra similiar a la de California en aspecto y que se levantaba en una península al sur del Sáhara, a unos 600 kilómetros de Aaiún. Intentado despistar a las autoridades marroquíes, nuestro objetivo era avanzar desde allí hacía la capital del Sáhara Occidental a través de la carretera del desierto.



LA CALMA TENSA


Cuando sabes que viajas para informar a una zona de conflicto te corroen las dudas, la incertidumbre, la ansiedad por desconocer qué es lo que te vas a encontrar y cómo lo vas a afrontar. La cabeza te da vueltas, imaginas constantemente las situaciones de peligro y tensión que posiblemente vayas a sufrir. Especulas y construyes en tu imaginación cómo reaccionarás ante ellas y te preguntas si existirán posibilidades de informar con seguridad o con ciertas garantías sabiendo que el ejército de ocupación de la zona a la que viajas está contra tí. Esa noche no duermes bien. Recuerdas las noticias de los días pasados. Se te tatuan las imágenes de las muertes, torturas y asesinatos. Sin embargo, las ganas de viajar, ser testigo y  conseguirlo te absorven la cabeza y las sábanas te sudan los nervios. El sueño se te antoja largo, el despertar corto y la marcha angustiosa. Respiras al salir a la calle y cerrar con llave la puerta de tu casa. Suspiras por el camino y te despides de los familiares, de los amigos y compañeros de trabajo con una sonrisa de preocupación y un abrazo de estima que enfrascas para el  ánimo.


Es el ritual. Si no sintiera todo esto, si que me preocuparía o me desesperaría. Pero para mí estas sensaciones forman parte de la rutina previa de cada viaje que emprendo. Es el momento de sacar lustre a mi amuleto mental y sentimental. Sigo sintiendo todo eso, así pienso que  tendré el suficiente ánimo para confiar en que todo irá bien en el camino.

RUMBO A DAJLA


Antes de salir hacía el aeropuerto recibimos las instrucciones del editor de los informativos de fin de semana de Madrid y conocemos quien será nuestro guía de viaje: Manuel Pío, un periodista retirado que ha vivido durante un año en El Aaiún. Él conoce perfectamente la zona y los contactos tanto saharauis como marroquíes, que nos pueden ayudar en nuestra estancia allí. Es un hombre alto, con pelo canoso y abundante, con una voz potente y un inmejorable don de gentes que me transmite cierta seguridad.

Pese a ello y para sentirme mejor, le pido como favor a nuestra directora que me prometa que si regresamos  todo sale bien, me regalará un volumen grueso de la antología de fotografías de Robert Capa que he visto descansando sobre el sillón de su despacho. Ella, encantada, accede. Satisfecho, me despido y me marcho mucho más tranquilo.

En el aeropuerto de Gran Canaria coincidimos con los compañeros que parten en unos minutos para el aeropuerto de Aaiún con el resto de medios españoles. Nos despedimos de ellos y les deseamos suerte. Junto a mí, el equipo lo forma el propio Manuel Pío, Ángel y Nuria Álvarez, nuestra productora de Madrid que pese a su juventud ya ha experimentado lo que es trabajar en zonas de conflicto como Irak, Chad, o México. Allí nos reunimos los cuatro. Ya estamos juntos y preparados para emprender el viaje. Nuestro avión sale a las 16.30 y esperamos su salida almorzando en un restarurante del aeropuerto y viendo por televisión las noticias que llegan desde el Sáhara.

Después de poco más de dos horas, como era de esperar, El plan "A" falla. A eso de las 15.30 de la tarde nuestros compañeros regresan de El Aaiún en el mismo avión que volaron. Las autoridades marroquíes no les han dejado bajar y regresan junto a Angels Barceló y su equipo de la Cadena SER que han permanecido escondidos en la ciudad durantes diez horas antes de ser descubiertos, retenidos y expulsados del país. Nos cruzamos con ellos en la terminal de salida ante un gran número de medios que han venido a cubrir la noticia. Después del ajetreo ahora sí que nos despedimos por última vez de nuestros compañeros. A partir de ahora se activa el "El Plan B" y lo llevaremos a cabo solo... nosotros cuatro.