
De pronto el silencio se rompe, el humo de su pipa se desvanece. Se mueve, sus manos giran hacia la mesa que reposa junto a él. Allí descansa el viejo tocadiscos de mano que solía agrandar sus noches de juventud. Cuando tocaba el bajo con sus amigos. Coloca un disco de vinilo y comienza a sonar el Hey Jude, cantado por Wilson Pickett. Los surcos armónicos comienzan a agrandarse con su tatarareo. Vuelva a fumar su pipa, esta vez sereno, oyendo, no escuchando la melodía de sus antaños. No quiero interrumpir, así que espero dos minutos y siete segundos a que el último surco caíga al vacio del negro silencio. El atrapa sueños se agita con la última nota. Entonces abro con cuidado la puerta del porche y me acerco a él.
-Papá, papá- He venido atraerte la pastilla, tienes que tomártela. Me mira como si no me hubiera visto nunca. Por un segundo pienso que ya no me reconoce pero acto seguido, su pipa se descuelga de sus labios gruesos, se levanta y me dice.
-Dile a tu madre que la estoy esperando para bailar. Papá, mamá murió hace dos años, anda tómate la pastilla. - Déjame de drogarme con esa mierda- me aparta el vaso de agua y la pastilla de un manotazo, la tensión me muerde el corazón, los ojos de mi padre ya no se funden con el horizonte, pero pronto vuelven a la calma-. -Anda, dile eso a tu madre- . Me rindo, y le respondo que sí. Pero él me desencaja de nuevo. -Hijo, ¿Tú crees que yo estoy loco? dudo unos instantes, tomo aire y respondo
-claro que no papá, claro que no-.
El atrapa sueños se estremece con una ligera ráfaga de viento. Vuelve a sonar Hey Jude y mi padre fuma de nuevo su pipa y lo único que puedo hacer es abrazarle.