El periodismo vive una época de crisis. La profesión, como no lo ha estado desde hacía muchísimo tiempo, está en entredicho. Me duele, porque amo este oficio. Lo he confesado en muchas ocasiones y simplemente siento impotencia por el flaco favor que le hacen una serie desalmados a los que le dan un micrófono y se creen los reyes de Java con licencia para vejar todos los códigos deontológicos por los que se rige el periodismo. Ignorantes pseudoartistas, que no periodistas, que lo único que buscan es la fama, el ascenso por la cara y el inexistente glamour que profieren a esta profesión. Un glamour que nunca ha existido. El periodismo se limita a informar. Cuando el informador pasa a ser parte de la noticia, es mejor que apague y que se vaya. Gran parte de la culpa todo esto la tienen los propios medios de comunicación que trafican con la información convirtiéndola en moneda de cambio adornándola con el amarillismo y sensacionalismo más rancio. Eso sin contar con los mal llamados “periodistas del corazón” mal llamados, porque no son periodistas. Son mascotas televisivas y ratones de debate barato que se creen poseedores de un prestigio, cuando vemos cada día como sus abandonan sus evidencias reflejándose en sus burdos actos y en el veneno asqueroso que escupen por sus bocas, faltando el respeto y dañando a todos los que queremos a este oficio.
"Ignorantes pseudoartistas, que no periodistas,
que lo único que buscan es la fama, el ascenso por la cara
y el inexistente glamour que profieren a esta profesión"

En Tenerife estamos de carnavales y el último ejemplo de este espectáculo sensacionalista lo ha protagonizado CUATRO en su programa “
Las mañanas de cuatro” que dirige Concha García Campoy, unas de las muchas periodistas que ha sucumbido al show televisivo para presentar un reportaje sobre los carnavales de Tenerife a los que tiñen de negro, afirmando que el sexo la droga y la masturbación gratuita campan a sus anchas en los carnavales chicharreros. En el video realizado con una cámara

oculta, el “supuesto” redactor engrandece y desvirtua los hechos que presencia con epítetos tremendos y exagerados. Y digo esto porque aunque no soy nada carnavalero sí que he vivido los carnavales y sí que tengo que admitir que se pasa droga, que se mea en la calle, que se folla en los parques. Sí como en cualquier otra fiesta multitudinaria de España o del Mundo. ¿Qué está bien? No, en absoluto, pero son casos aislados o concretos que el redactor hace generales a esta fiesta magnificándolos para que el reportaje “se venda mejor” y se vanaglorie de su rancia “investigación”. Si yo fuera él, hoy no podría dormir aunque no creo que ni se inmute.
Miren señores, para que se hagan una idea, en cada noche de carnaval más de trescientas mil personas salen a la calle de la capital tinerfeña para bailar y pasárselo bien, de buen rollo. Evidentemente hay zonas no recomendables como sucede en cualquier ciudad de España y lamentablemente el ser humano no es tan bueno por naturaleza como lo pintan. Este repotaje ponen en videncia la falta de rigor y la búsqueda una vez más del video que alimente nuestra diseñada Sociedad del espectáculo.
En este video se puede ver uno de los fragmentos del reportaje