miércoles, 10 de febrero de 2010

LA IRREMEDIABLE NECESIDAD DE LLAMARSE ESCRITOR

Me llamo Oscar Ignacio Infante. Desde hace unos meses se ha despertado en mi un hormigueo de letras que ataca sin remedio mi subconsciente. Ni siquiera puedo explicar porqué estoy escribiendo ahora estas líneas. Simplemente necesito escribir. Ya no puedo entender mi vida sin recetarle a la página en blanco de cada día una serie de píldoras literarias que palien la soledad de algunos renglones a los que ya he adoptado como si fueran mis propios hijos. De hecho los he parido yo ¿No? Pues eso, que tengo derecho. La verdad es que nunca había sentido mucha curiosidad por la lectura de ratón de biblioteca. Cada vez que veía a un cuatro ojos pegado a un libro como si fuera un cuerpo al que diseccionaba, me entraban náuseas. Tampoco me atraían en especial los grandes clásicos de la literatura de los que todos mis colegas hablaban. Me parecía una burda pérdida de tiempo leer cosas de otros siglos pasadas de moda. Cuando le recomendaban el Ulyses siempre respondía que no me gustaba el griego. Creo que tengo cierto talento para esto y me la trae floja lo que me digan lo demás, o eso creo.
Bueno, en resumidas cuentas: que me lo pide el cuerpo, el cerebro y me lo pido yo mismo. No comprendo porqué cuando acudo a uno de los recitales de poesía que organiza el club de poetas acuáticos inherentes al verso, la gente no es capaz de acercarse ni siquiera para saludarme ¡ Qué se habrán creído! Soy escritor, un demiurgo alzado con el arma de la poderosa palabra. Palabra que escupo con pasión amor y agarre para que ellos puedan disfrutar de unos segundos efímeros de reflexión. Parece que mi gancho con las féminas ya no tiene tanto poder. Antes bastaba con hablarles del olor de las alas de mariposa pero ya, incomprensiblemente, el romanticismo a pasado a mejor época. Sin embargo sigo creyendo que soy un incomprendido. Sí, todos esos que no se dirigen a mí, que ni siquiera osan dedicar una frase de crítica a mi literatura callando como perros vagabundos, apenas se acercan a imaginarse el gran mundo interior que me remuerde a diario. Esas ansias de conseguir mi deseo eterno de satisfacción plena. ¡Malditos Bastardos ignorantes!
Creo que publicaré un libro pronto. Me lo merezco, no podía esperarse nada mejor de mí, porque de lo contrario no podría soportar caer en la cárcel de cajón donde quedarían pues mis palabras de corazón ¿Qué destino les depararía sin vivir eternas en un libro? No, no estoy dispuesto a afrontar el exilio de mis escritos, ni muchísimo menos. Soy un escritor y nadie me impedirá seguir con mi cometido.

El director de la editorial terminó de leer la carta del señor Infante y no pudo contener una ligera sonrisa al ojear el bloc de escritos que le había remitido como prueba de su creación literaria. Hacía tan solo seis meses que Óscar Ignacio había escrito sus primeras frases en un rollo de papel higiénico de un cuarto de baño. Su novia lo había dejado y allí mismo, surgieron sus primeras y escatológicas rúbricas en prosa, sus experiencias vitales, planas, neutras, sin apenas originalidad, sin esculpir el verbo, la preposición o simplemente un adverbio. Aún quedaba mucho camino por recorrer, pero no era consciente de que lamentablemente, su irremediable necesidad de pertenecer al club de los selectos, le había traicionado.

2 comentarios:

Mónica dijo...

ESOS NECIOS ACUÁTICOS NECESITAN LA APROBACION DE LA GENTE PARA SENTIRSE IMPORTANTES CUANDO LO VERDADERAMENTE IMPORTANTE ES HACER LO QUE A UNO LE GUSTA.

malaika dijo...

No permitas que nadie diga que eres incapaz de hacer algo, ni si quiera yo. Si tienes un sueño, debes conservarlo. Si quieres algo, sal a buscarlo, y punto. ¿Sabes?, la gente que no logra conseguir sus sueños suele decirles a los demás que tampoco cumplirán los suyos".
Will Smith (En busca de la felicidad)