jueves, 5 de marzo de 2009

PUTO PLATÓN

Me enamoré desde el primer instante en que la vi. Sin palabras, sin acercamientos, sin llamadas. Nunca he creído en los flechazos pero sus ojos me capturaron sin que pudiera hacer absolutamente nada. Por mucho que me acostara o sintiera atraído por otras mujeres después de aquello, todo se desvanecía cuando ella aparecía. El hechizo de su candidez me paralizaba cada vez que me cruzaba con su mirada. La conocí en la puerta de un cine, en un mes de otoño. La lluvia había empapado su larga melena morena. Su tez blanca serenaba unos ojos oscuros, eternos, penetrantes que no pude quitarme de la cabeza durante semanas. Idealicé sus labios como un estúpido. Ya no podía hacer nada. La perfilé en mis sueños, la imaginé en mil situaciones a mi imagen y semejanza. Me inventé la historia de su vida para sentirme querido y calmar mis deseos.
Pasaron los días y la vi en el videoclub, cruzó delante de mí, pero ni siquiera me advirtió. Pasaron las semanas y la vi en la librería. Apareció de la nada, como un superhéroe de Watchmen. mientras yo perdía de vista las última novedades literarias. Su halo me descubrió y no dejé de atenderla. Ella seguía en lo suyo, mirando los libros, pasando las hojas con sus dedos de porcelana. Como hojas de lectura mordidas transcurrieron los siguientes meses, caminaba por la otra acera. Llovía, como el día en la que la conocí. Se resguardaba entre el cobijo de los balcones de la vieja ciudad de los adelantados pero no se percató de mí. Suspiré por el tiempo perdido. Pasaron los años, y el cuerpo se me petrificó el día en que escuché su voz. Llovía también y dulce y amable, me pidió fuego. No supe qué responder. El tiempo se detuvo. Mi cuerpo experimentó una reacción en cadena que ya no consiguió controlar. Caí de llenó contra el muro del estanco-librería de Doña Elvira. Ella se asustó. – ¿Le pasa algo? Me incorporé, sentía que la vida comenzaba en ese instante. Aún pasaron 10 segundos que se me hicieron eternos. Quería llorar pero no podía. El flashback me llevó cinco años atrás a la puerta del cine donde la conocí. Lástima no tener mechero pensé ¿ Qué iba a esperar una chica de 24 años, de un tipo como yo con 45? Pasó de largo y entró en el estanco de Doña Elvira. Al poco tiempo salió encendiendo un cigarro con un mechero de colores que se había comprado. Elvira salió a la puerta. Me saludó. Hola Fabián. Viéndola marchar me dijo ¿ Que linda es esa chica verdad?. ¿Querías algún libro? Sí. Le dije intentando contenerme. Cualquiera que tengas de Platón.

4 comentarios:

Isabel de León dijo...

Tal cual...
Bs.

Anónimo dijo...

Realmente, un hermoso relato. Tan sólo una pregunta, ¿es pura ficción o hay algo de realidad en él? Lo sé, es absurda...en todo relato de ficción hay partículas de realidad.

Iván López dijo...

Hola anónimo. Ciertamente pequeños retazos hay de realidad. de la adolescencia. Todo lo demás es ficción.

mer dijo...

Es tremendamente hermoso, que alguien te haga llorar con lo que escribe. GRACIAS!!