viernes, 26 de diciembre de 2008

TIRANDO DEL CARRO

Se esperaba con interés lo que su Majestad el rey Juan Carlos pudiera decir en su tradicional discurso navideño de noche buena con respecto a la situación económica que vive el país. Un discurso que se puede resumir en una frase “Tirar del carro” Sí, su majestad estuvo lúcido esta vez y encomendó a los ciudadanos, la responsabilidad de salir adelante en la crisis económica. Es patético que cuando hay problemas, la única solución es decir a los españolitos de pie que se agarren los machos como pendejos para campear el temporal. Claro, su carro es de oro macizo, seguramente Herencia de Alfonso XIII y está tirado por caballos. Mientras yo y millones de personas más nos contentamos con tomar a diario el transporte público para ir a currar. Es más, el señor monarca pidió que se le subiera el sueldo a la casa real a 9 millones de euros para el próximo año (fuente: http://www.adn.es/dinero/20080930/NWS-0788-rey-pge.html) ¿Cómo se puede tener tanta cara y quedarse tan pancho?

Es muy fácil hablar al pueblo llano, cuando uno dispone de todas las comodidades. PP y PSOE se han puesto de acuerdo por primera vez y apoyan el discurso del rey. No es para menos, así también se quitan el muerto de encima y tampoco van a rebatir al monarca por si acaso y vista la política de censura, acoso y derribo a todo aquel que ose meterse con la monarquía. ¡VIVA LA DEMOCRACIA! No me vale de excusa que se escuden en que el rey esté a estas altura cobrando el papel determinante que jugó en la transición. 30 años son suficientes para pagar la deuda. Aunque supongo que el pobre estará resignado a interpretar este papel el resto de su vida.
Todos somos iguales ante la ley, menos el Rey. Y eso está recogido en la actual y caduca Constitución española. Por eso, nosotros, la plebe, debemos tirar del carro, sí, pero de la monarquía. No tenemos la culpa de que esta crisis esté jodiendo al actual sistema, un sistema que han creado ellos, los ricos, y que ahora tenemos que pagar nosotros y no los bancos mundiales y las empresas que nos han llevado a la ruina jugando con nuestro dinero. Por eso , Majestad, Tire usted del carro que para eso nosotros pagamos su yate, su coche oficial, sus banquetes, los bodorrios de sus hijos, sus viajes y la vidorra que se pega a costa de los que a golpe de látigo sostenemos su casa. ¡FELIZ AÑO NUEVO!

2 comentarios:

Juan Pablo Peralta dijo...

Amigo Iván, un gusto estar conectado contigo y dar con algún canario que no sea José Vélez (es broma!), de verdad me parece genial tener una amigo en esas islas paradisiacas. Te mando un abrazo y el deseo de unas excelentes fiestas, estoy a tu entera disposición, nos leemos!...
Juan Pablo Peralta. www.portaldelperiodista.blogspot.com

Zoilo LOpez BOnilla dijo...

Particularmente, yo no esperaba del monarca otra petición para el 2009 que no fuera la que tú mencionas en tu entrada. Para eso es el Rey. Y, ya se sabe, si procediera de una manera distinta, dígase lógica, responsable y democrática, sería otra cosa menos Rey de todos los españoles.
Estudiando la suficiente Historia sobre las monarquías europeas se llega facilmente a la sencilla conclusión de que los Reyes siempre lo fueron por vínculos de interés, mediante alianzas matrimoniales en las que ni siquiera se concebía un compromiso de amor.
Ahora, la realeza incluso nos ha usurpado lo único que era patrimonio de la plebe. Hubo una época en la que a falta de otro patrimonio que aportar a la familia, el pueblo, los desdichados, solo disponían, como único valor, como única hacienda, del amor de los suyos: de su esposa, de sus hijos, de sus padres,de sus amigos, etc.
Ese derecho lo disfruta ahora también la realeza. Hoy día, toman en matrimono a sus esposas por amor.
Carecen de escrúpulos a la hora de arrebatarnos ya no sólo el patrimonio material revertido en graves impuestos para mantener su estatus borbónico sino que, además, nos expolian de ese otro patrimonio espiritual y sentimental que solo nos ha pertenecido a nosotros con el único propósito de acallar sus maltrechas conciencias y economías y poder disponer, también con ello, del místico salvoconducto que, por si acaso, exige la Iglesia, su Iglesia, si desean alcanzar, como así parece ser, incluso, la Gloria eterna.
Sin embargo, me sigue preocupando que su sangre aún no sea roja, como la nuestra.