sábado, 24 de enero de 2009

FETICHE DOS

Te sigo debiendo un amanecer. Uno como aquel en el que borrachos, dudamos en comernos nuestras ansias deboradas por el desengaño de otros que nos subestimaban por un corazón palpitado. De nada importó que bajo el embrujo del insomnio me sintiera como en mi propia casa. Vomitamos nuestros impulsos rasgando las bocas, desquebrajando la ropa y mirando películas de Eric Rohmer. Y en las sábanas blancas tu sangre me cubrió la lengua y entonces no supe a dónde dirigir mis sentidos. Fueron días inciertos cuado dejabas de asistir a clase para cubrir tus sábanas con mis besos y dormir bajo el sol frío de invierno calándose en los pasillos oscuros de las mañanas más gélidas de Febrero. Por aquel entonces, aún te seguía debiendo un amanecer pero no pude hacer nada para remediarlo y el siguiente sol fue más profundo aún. Devoramos nuestros deseos en camas inútiles, individuales, mastodónticas, lujosas o míseras. Sucios hasta reventar el placer de nuestros deseos de conciencia atiborrada de imágenes abrigadas por una piel desnuda que sufría los golpes de nuestras embestidas. Feroces, suplicantes, rendidas, sodomizadas, bañadas en sudor y frentes conjuntas. Las bocas gritaban insultos esclavizados por el olor y el calor de un espacio reservado a la lujuria más desenfrenada que pasó por tus pliegues corpóreos, por tu espacio vital, por tus botas altas de tacón recauchutado de flores rojas, que con el más de los luceros ojos, lamí hasta rendirme y entregarte un nuevo amanecer. Mi deuda estaba pagada. Después de ese día, ya no pude soportarme más.

2 comentarios:

El hada del Sur dijo...

Algunas historias de amor o simplemente pasión nos dejan huella.
A veces cuando despertamos de ese sueño nos queda un malestar como si hubiera faltado algo.
Iván muy buena foto lleva el post.
Un abrazo. Matilde

Zoilo LOpez BOnilla dijo...

Estupendo relato, Iván; y envidiable si es que está basado en tu realidad de juventud pero también envidiable si solo se tratara de una ficción de amor. En cualquier caso, nadie excepto tú, habrá podido estar en la misma situación de felicidad que refieres tanto si fuere realidad (que entonces seriais dos) como si fuere ficción (solo habrías sido tu solo). Lo más, aproximarnos hasta el límite de lo necesario gracias a tu excelente narrativa.
Felicidades.